Por Hernán Giraldo T.

El diálogo es un medio excepcional entre interlocutores inteligentes, sobrios, sensatos y equilibrados, de lo contrario se convierte en sorderas crónicas de difícil curación. Cuando el presidente Petro, puso en la esfera pública su aspiración presidencial «el diálogo» cómo instrumento para desatar conflictos-no faciles- y menos en Colombia- en la que, en la más simple de las controversias, se convierte con rapidez en llamaradas de espanto, muy frecuentes por citar el congreso de Colombia, la cuna en el que se debe dar ejemplo de compostura, lo hizo para que sus buenas intenciones propuestas, debieran al menos identificar aquellas que fueran altruistas y no protervas en que los concurrentes con métodos dialogicos impriman comprensión y cordura. 

Y no es fácil, cuando se aprovechan las buenas intenciones. Antes que el diálogo fuera anunciado por el Mandatario Petro, ya las hordas obscuras se preparaban para su manipulación y presión para debilitarlo. Las invasiones que extraña y sospechosamente operan coetaneamente en el Valle, la Guajira, Chocó, Córdoba, Antioquia, la Guajira, Bolivar y Cauca, indican que detrás de ellas están actuando mafiosos y oportunistas. La propiedad privada legítima debe ser respetada, y el estado debe proceder con su fuerza para protegerla. 

Si la voluntad hubiese sido pensada con rectitud, los supuestos necesitados de tierra, han debido esperar el cumplimiento de la promesa del presidente, sobre la reforma rural incluida en el primer punto de los acuerdos de paz de la Habana, y la actualización catastral multipropósito, para engranar la entrega de tierras a campesinos, devolver aquellas que fueron usurpadas y arrebatadasl a sus verdaderos titulares por el despojo violento que propició el paramilitarismo y en otra proporción la guerrilla, Así mismo las tierras que serán compradas por el gobierno a terratenientes que tienen o poseen inmensos latifundios improductivos en tierras productivas, para darle la función social que el capitalismo concentrador de la tierra descaradamente no le da, y que se sepa, la tierra no es para solazarce con ella, es para la producción agricola y para el desarrollo de la economía. 

Tarea difícil es manejar el diálogo en una cultura como la nuestra. Unos, lo utilizarán cómo aprovechamiento de sus intereses, en ocasiones mezquinos, otros, llegarán con poder para exigir contraprestaciones innegociables, otros tantos, para eludir la justicia, porque una cosa es el diálogo sencillo entre contertulios, y otro, cuando hay intereses contrapuestos. 

Quienes han cometido crímenes, si son sensatos, (difícil con quiénes ya están alienados por el delito) aceptarán la mano tendida que les ofrecen, de lo vs, será una oportunidad perdida, en la que el mismo presidente Petro, está exponiendo su prestigio y su política de la Colombia humana!. Pero vale la pena intentarlo, con estrategias firmes. El tráfico de drogas por citar el negocio criminal que se enriquece con dinero maldito, será un rol enmarañado de dificultades, para acogerlo dentro del diálogo, cómo uno de los caminos de la «paz total» meta obsesiva del presidente Petro. 

Así mismo, difícil de comprender el diálogo, con gente como los protestantes del Bajo Cauca Antioqueño, quienes por un lado rechazan la destrucción de maquinaria en zonas ilegales de exploración minera, con taponamiento de vías, y por el otro, los mismos que asisten a la protesta, asaltan y roban los camiones que transportan mercancías y alimentos. No queda más, que agotado «el diálogo» con estas comunidades, ejercer autoridad, como un mandato del estado de derecho!! Ojalá el diálogo impere, en una torre de Babel como la Colombiana!!