Por Luis Fernando Jaramillo Arias

El taxi tomó la glorieta de la 26, hace un desvío y se mete por una vía destapada, empedrada de bolsas plásticas de un solo uso. Un hombre toca la ventanilla y pone la mano en actitud de pedir limosna; tiene un varillo de marihuana en la boca. Un trayecto de 200 metros que parecen 200 kilómetros por el panorama que se ve y el que se intuye qué está detrás de cada casucha, de cada construcción cayéndose, de cada matorral. Es la cueva del humo, un sitio que está detrás de la estación del ferrocarril de Armenia, un conjunto que otrora fue el centro económico del país, el sitio desde donde se despachaba y almacenaba el café para exportación. Las mercancías se cargaban en camiones suizos de marca Saurer para atravesar la cordillera de Los Andes de Quindío en caravanas que iban y venían de Ibagué y los trenes con su columna de humo partían con café para Buenaventura y regresaban con mercancías importadas desde el puerto. Ese fue el sitio donde Guillermo Valencia bautizó a Armenia como “La ciudad milagro de Colombia”.

El eco de esa historia queda el nombre de empresas como una emisora, una de buses urbanos y algunas menciones esporádicas, pero la llegada al famoso sitio, hoy un gran hueco que grita contra la corrupción de los políticos locales, alberga una sorpresa inmensa. En una de las antiguas bodegas de almacenamiento de café se encuentra el Museo de Arte de Armenia y el Quindío, MAQUI, un sitio que huele a magias y a por qués. ¿Por qué María Cristina Mejía Arcila y Ramón Manrique Boeppler hace 7 años se embarcaron en la tarea de mantener la memoria de lo que fue Armenia en esas épocas de oro que hoy son recuerdos? ¿Por qué María Cristina sigue allí a pesar de la partida de Ramón? ¿Por qué Amparo Puentes una distinguida jurista, Gladys Acero, Guillermo Restrepo contribuyen con tiempo y esfuerzo como voluntarios en los quehaceres propios de un museo de arte? ¿Por qué Carina Rusler, Carlos Alberto Forero y otros más atraviesan diariamente esos parajes para entrar en ese mundo mágico del museo? ¿Cómo logran sobrevivir sin cobrar entradas solo gestionando esquivos recursos con proyectos en el Ministerio de Cultura, en el departamento, en el municipio que quitó la celaduría del sitio a pesar del riesgo que corren las obras y las personas?

Hay personas motivadas por altos valores y propósitos muy elevados. El grupo del MAQUI lo está con civismo, con amor, por la certeza de estar haciendo un papel trascendente en su vida, por la certeza de que se puede reactivar el desarrollo de la ciudad desde un entorno deteriorado y transformar la sociedad a partir del arte y la cultura.

El MAQUI sorprende porque esa motivación se convierte en creatividad y acción. ¡Hasta invenciones científicas se encuentran allí! Este grupo milagroso no solo amplifica los escasos recursos que araña como se multiplicaron los panes y los peces, sino que patenta inventos científicos como un contador de comejenes para las puertas de la vieja estación que ni la NASA lo tiene.