La Puya.

Por: José Ferney Paz Quintero

Tránsfuga corresponde a una denominación política que desertando de su partido o movimiento de origen, se traslada a otras fuerzas buscando obtener un beneficio electoral por motivos inconfesables, sin sustento ideológico alguno, traicionando unas ideas con las que fue reconocido, además de ejercer una pusilanimidad que trata de esconder frente a su nuevo electorado.

En un afán apresurado se aprobó en primer debate el proyecto de acto legislativo de la reforma política consagrando entre otros temas la figura del transfuguismo, permitiendo por una sola vez el cambio de partido sin necesidad de renunciar al que ha pertenecido.

Se ha sostenido que la solidez de una democracia radica en el funcionamiento de partidos fuertes, vigorosos, que canalicen el sentimiento popular, pero será imposible hacerlo con movimientos integrados por desertores, con falseados principios que en política vale casi todo para alcanzar o detentar el poder, con el agravante que una vez realizada la voltereta se pasean por las plazas públicas o llegan al legislativo o al gobierno como los benefactores del país, de las regiones, sin ideas o programas, a diferencia de lo que ocurría en la antigüedad, que bien vale recordarlo, donde se solía decirse que “Roma no paga traidores“.

Flaco servicio le presta a la poca democracia colombiana esta clase de reformas, que pareciera se ha convertido en un hecho cotidiano de la política nacional, ahora refrendado por mandato constitucional, donde se cambia de partido como algo que se compra y se vende, originando una titularidad de engaño, de añagaza, frente al electorado que observa con perplejidad como se mercadea la política, aspectos estos que se constatan en el actual panorama político nacional, donde la doble militancia se constituye en la génesis del transfuguismo definido por la real academia como, “volver a cambiar, mudar y chaquetear”.

Así imposible sanear las costumbres políticas de la nación, donde cada vez más se acrecienta el fariseísmo, más pendientes de sus propios intereses que los de la comunidad, reconociendo que en la actualidad la política y los partidos son objeto de un sentimiento de desafección y desconfianza por parte de la ciudadanía, con una grave consecuencia, que no es más que el debilitamiento del sistema de partidos, por cuanto la democracia se dinamiza a partir de ese sistema, número de partidos, su ideología, como cantidad de militantes. Es más lo negativo, que las ventajas que puede generar esta propuesta que va en contravía del fortalecimiento de los mismos.

ADENDA UNO: Expectativa por la convocatoria a la IX Convención Nacional Liberal que se desarrollará en los primeros meses del 2023, oportunidad para que esa colectividad histórica analice su ideario político, como su participación real y efectiva en los procesos sociales por los que atraviesa el país, revisando su plataforma ideológica, la búsqueda de la total unidad de la colectividad como partido mayoritario que lo ha sido a través de la historia republicana.

El liberalismo no se ha evaporado como lo desearían muchos, pero se debe reconocer ha caído en un peligroso letargo que lo sabrá sobreponer reuniendo las dispersas mayorías populares en torno de la colectividad liberal, tal vez desmotivadas electoralmente por la ausencia en las ultima contiendas de un candidato de partido.

Sea esta la oportunidad para decidir el rumbo futuro, certamen donde el libre disenso será su principal característica, saliendo seguramente de ese magno evento fortalecido en su irrevocable posición democrática para constituirse en alternativa de poder.

ADENDA DOS: Por la presidencia del Congreso en cabeza del genuino representante del transfuguismo político en Colombia, se informa que los legisladores podrán llevar sus mascotas al recinto de las deliberaciones, olvidando tal vez que por allí deambulan de tiempo atrás una especie libidinosa de “ micos “ legislativos.

*Ex magistrado